Desde Agora Sant Cugat International School te explicamos por qué es tan importante fomentar el pensamiento crítico a partir de la infancia

Sin duda, vivimos en una sociedad en la que saber pensar por nosotros mismos, sin condicionante externos, se ha vuelto algo muy necesario. Por eso, desde Agora Sant Cugat International School queremos darte algunas ideas para que aprendas a educar el pensamiento crítico de tu hijo desde la infancia. Algo que reportará muchos beneficios a su desarrollo y su futura etapa adulta.

Parece sencillo, ¿no? Bastará con no hacer caso a opiniones externas y guiarse siempre por la intuición y la personalidad de cada uno. Pensar críticamente para no caer en errores fortuitos, ni en falsas informaciones, ni en noticias sesgadas, ni en opiniones subjetivas de una realidad que, a menudo, se ve desde los ojos del que la cuenta. Parece que todos llegamos a la etapa adulta sabiendo qué queremos, por qué lo queremos y, sobre todo, qué no estamos dispuestos a tolerar. Pero, a veces, se nos olvida que para llegar a ese punto hace falta educación (y mucha) y que la semilla se planta cuando somos pequeños: en la infancia.

Aprender a pensar críticamente no es algo que se aprenda de la noche a la mañana. El pensamiento crítico hay que fomentarlo desde siempre. Pero, ¿a qué nos referimos exactamente con pensamiento crítico? A «el pensamiento reflexivo y razonable que se centra en que la persona pueda decidir en qué creer o qué hacer en cada momento» que diría el crítico Robert Ennis. «Cuando un niño piensa críticamente, no acepta la información recibida como una verdad absoluta, sino que tiene la capacidad de cuestionar su veracidad, para ello: clasifica, analiza y evalúa la información de forma exhaustiva, compara con las distintas evidencias que existen en la realidad, para así llegar a una conclusión propia, con la que realmente se identifique», comentan desde el gabinete psicológico Sens Psicología.

¿Por qué enseñar pensamiento crítico en la infancia?

Por lo tanto, podríamos resumir el fomento del pensamiento crítico como ese esfuerzo por enseñar que cada persona es libre de dar su opinión y de pensar por sí mismo, más allá de lo que piensen los demás. Y podríamos fundamentar la importancia de su aprendizaje en la infancia como clave en el desarrollo de la personalidad posterior de los niños. Eso es algo que en Agora Sant Cugat International School tenemos presente desde hace muchos años y, desencadenado de ello, fomentamos el pensamiento crítico en diferentes niveles educativos: «en Educación Infantil, lo hacemos de diferentes formas», explica Cristina Madueño, coordinadora de Educación Infantil en nuestro centro. «A través de asambleas debatimos y observamos diferentes puntos de vista para fomentar la mentalidad abierta; los peques empieza a trabajar colaborativamente y aprenden habilidades como tomar decisiones, escuchar a los demás y buscar soluciones conjuntas; y también aprovechamos su curiosidad natural para que inicien indagaciones», nos cuenta.

Este último, por cierto, es la herramienta más valiosa de la infancia, según Jordi Nomen, autor del libro El Niño Filósofo (Editorial Arpa). Según este profesor de Filosofía, los adultos debemos ‘alimentar’ esa curiosidad innata de los niños y no atrofiarla.

Aparte de Infantil, el pensamiento crítico sigue muy presente en Primaria, donde nuestros alumnos siguen con la continuidad del proyecto de Educación Infantil.

La importancia de razonar en la adolescencia

Si la semilla del pensamiento crítico se planta en la infancia, será en la preadolescencia y la adolescencia cuando comience a dar sus primeros frutos. Porque todos sabemos que es en esta etapa en la que nuestros hijos comienzan a cuestionarse conceptos más profundos, tienen que tomar decisiones más importantes y pueden ser más influenciados por opiniones externas. «El pensamiento crítico ayuda a cuestionarse, al mismo tiempo que poner en valor el resultado de las investigaciones». Así de tajante nos habla nuestra nuestra coordinadora sobre el papel en esta etapa del desarrollo. Y es precisamente esa declaración en la que nos basamos en Agora Sant Cugat International School para enseñar pensamiento crítico a través de la ciencia. Concretamente, el laboratorio científico nos sirve, precisamente, como escenario para tal fin.

«En el laboratorio se refuerza el pensamiento crítico ya que se aprende a cuestionar los conceptos establecidos en la teoría con las pruebas experimentales, lo que se hace aplicando el método científico. Por tanto, el trabajo lleva un sentido crítico sobre todo el momento de analizar los resultados obtenidos en la experimentación», nos explica Cristina.

¿Cómo trabajar el pensamiento crítico en casa?

El papel del cole será muy importante para enseñar a pensar críticamente a nuestros hijos, pero no deberá ser el único estimulante. Esa ‘curiosidad’ de la que habla el profesor Jordi Nomen tiene que seguir siendo avivada en casa y desde primera infancia (concretamente, desde la curiosa ‘etapa de los por qués’).

A continuación, os vamos a proponer una serie de consejos para enseñar a nuestros hijos a pensar por sí mismos desde casa:

  • Quizás el punto más importante es ofrecerles tiempo de calidad. De nada sirve que estemos con nuestro hijo si nosotros estamos mirando al móvil mientras él juega. Tenemos que saber que hay que dedicar tiempo a su educación.
  • No intentar quitarnos sus preguntas del medio. Seguramente todos nos hayamos enfrentado (o vayamos a hacerlo) a la etapa en la que no para de preguntar ‘¿por qué?’ a todo lo que ve. Y nosotros, esclavos de la falta de tiempo, casi siempre damos una respuesta tajante para acabar de cerrar su curiosidad. Esto es un error: debemos animarles a buscar la respuesta por sí mismos, con nuestra ayuda. Sin darles el trabajo hecho.
  • Vamos a alimentar aun más su capacidad de reflexión haciéndole preguntas que les inviten a pensar: por ejemplo, si vemos a un niño enfadado en el parque, podremos aprovecharlo para preguntar (una vez que lleguemos a casa): ‘oye, ¿qué crees que le pasaba a ese niño?’, ¿qué hubieras hecho tú en su situación?
  • El juego de los debates: podemos aprovechar un ratito libre para establecer debates con nuestros peques (siempre planteándolo como un juego): ‘¿qué piensas sobre la primavera?’, por ejemplo.
  • Fomentando el pensamiento crítico a través de los cuentos: son, sin duda, una de nuestras mejores armas para muchos aspectos relacionados con la educación. Y con este no iba a ser menos: escogemos un cuento (sea el que sea que elija nuestro hijo) y, después de la lectura, comenzamos a indagar más sobre la historia, a preguntar qué hubiera hecho él si hubiera sido el protagonista, qué le inspira el enemigo, cómo cree que acabó todo al final…
15 / 06 / 21