Aprendizaje cooperativo en el aula | Agora Sant Cugat International School

«El aprendizaje cooperativo en el aula es el empleo didáctico de grupos reducidos, normalmente heterogéneos, en el que el alumnado trabaja junto para alcanzar metas comunes, maximizando su propio aprendizaje y el de los demás». Así definían en 1999 el aprendizaje cooperativo sus autores, Johnson, Johnson y Holubec.

Se trata de una metodología activa cada vez más extendida en las aulas. Y es que son cada vez más los docentes que se dan cuenta de las posibilidades y, sobre todo, de los beneficios de trabajar a través de aprendizaje cooperativo en el aula. Entre otros, un aprendizaje cooperativo bien estructurado y conducido consigue con los estudiantes adquieran autonomía en el proceso de enseñanza-aprendizaje, aprendan a trabajar en equipo, desarrollen habilidades sociales y se vuelvan más cooperativos e inclusivos los unos con los otros. Además, desarrollarán un espíritu solidario con sus iguales que podrán trasladar más adelante a otras facetas de su vida.

¿Cualquier docente puede trabajar con aprendizaje cooperativo en el aula?

La  respuesta a esta pregunta es un sí, pero no. Es cierto que no hace falta ser profesional en la materia para ponerlo en práctica con los estudiantes; pero también es cierto que hace falta saber las técnicas correctas para que su implantación sea exitosa. Y es que, el aprendizaje cooperativo convierte al profesor en una figura de guía y cede el protagonismo del aprendizaje a los estudiantes, que tendrán que trabajar solos, en equipo, con unas pautas marcadas por el docente (y con su ayuda en el momento en que la necesiten) para conseguir el objetivo final.

La formación de equipos, la tarea más importante

Y es que, sin ir más lejos, el profesor ha de saber que para que los equipos funcionen hay que hacerlos con conciencia y no de manera aleatoria.

Antes de eso, hay que dar alguna clase de formación a los estudiantes para que aprendan a cooperar entre sí.

Son típicos los casos en los que se forman equipos de amigos que, a priori, deberían funcionar. Sin embargo, una vez que se ponen a trabajar, todo es un caos. Y es que, para que un equipo funcione no es importante que estén los mejores, si no que los que están sepan coordinarse bien entre sí para poder trabajar en armonía y yendo todos en la misma dirección.

Además, los alumnos han de entender que no solo su trabajo es importante para llegar al puerto final, sino también el de sus compañeros y que, por tanto, siempre han de estar dispuestos a ayudar a los demás miembros.

El trabajo cooperativo en el aula está formado, como decimos, por equipos. Pero no equipos aleatorios. El docente ha de saber que hay que especificar roles de trabajo cooperativo dentro de cada grupo. Estos roles, según los expertos de Tekman, son:

  • El rol de supervisor: será el que coordine a los demás, controle los tiempos y mantenga el orden
  • Rol de mediador: la persona encargada de que siempre haya buen ambiente, de organizar las actividades, de ofrecer soporte y de actuar como mediador en los conflictos que puedan surgir
  • Rol de reportero: el que representa al equipo, se asegura de que el producto final tiene las aportaciones de todos, verifica los resultados…
  • Rol de líder: dirige las actividades, revisa las participaciones, conduce las discusiones y actúa en nombre del grupo, entre otros.

Beneficios y resultados del aprendizaje cooperativo en el aula

En 1994, David W. Johnson, Roger T. Johnson y Edythe J. Holubec, nombrados al principio de este artículo, escribió un libro a propósito del aprendizaje cooperativo en el aula. Con él pretendía sentar las bases de esta metodología activa, aportando a los docentes todo lo necesario para llevarlo a cabo en el entorno escolar.

En este libro, los autores hacían referencia a los más de 600 estudios experimentales que se han llevado a cabo a lo largo de la historia en los que se han estudiado los beneficios del aprendizaje cooperativo en diferentes esferas. A partir de las conclusiones de muchas de esas investigaciones, los autores se atrevían a nombrar tres «poderosos efectos» o beneficios de la cooperación dentro del aula:

  • Los alumnos que trabajan de manera cooperativa hacen mayores esfuerzos para conseguir un resultado: según él, llevan a cabo mayor rendimiento, mayor productividad por parte de todos los integrantes del equipo, más motivación y dedican más tiempo a cada tarea de lo que hacen trabajando de manera individual
  • Se consiguen mayores tasas de sociabilización: es lógico pensar que trabajando en equipo los estudiantes sociabilizan más entre ellos. Pero, además de esta premisa, el trabajo cooperativo en el aula también consigue mayor espíritu de equipo, relaciones más comprometidas, respaldo personal a los demás integrantes y valoración de la diversidad.
  • Mejora la salud emocional, ya que fortalece la idea del ‘yo’, aumenta el autoestima y consigue más desarrollo social.
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